Curiosamente, en Navidad nos solemos dedicar a esas cosas que dejamos de hacer, al menos de forma activa, el resto del año: reuniones familiares, eventos sociales como cenas de empresa, cotillones… además de volvernos algo más generosos, detallistas, y bondadosos que de costumbre.

¿Pero cómo somos realmente? ¿Acaso tan espléndidos siempre como en esta época del año?

La ilusión, la magia, el misterio… en definitiva, la esencia de la Navidad ya se ha desvanecido. Y es que si algo es en esencia por sí mismo tiene sentido, y no precisa de campaña alguna para perdurar en el tiempo dado que no le faltarán adeptos. Pero cuando se intenta sacar partido de todo esto, cuando la bonita tradición que repetimos cada año deja de ser en esencia para convertirse en deber – obligación, compromiso social inevitable, gasto extraordinario ineludible; en presión comercial insoportable, que se transforma en: necesidad de adquirir bienes, de consumo -, es entonces cuando el sentido se vuelve difuso, cuando puede surgir cierto rechazo hacia todo este circo ¿o de verdad necesitamos de todo ésto para creernos o demostrar a los demás cuán bondadosos, generosos, detallistas o comprometidos somos? ¿será que la obligación anual de todos estos “deberes” nos exime de ellos el resto del año? Sea como sea no se trata más que de una elección, o por el contrario, de una imposición. Todo dependerá del cristal con que lo miremos, o de lo que nos toque a cada uno, oiga, que váyase usted a saber la circunstancia que nos envuelve.

Mi propuesta para el nuevo año:

Vivamos de tal forma que la Navidad no sea un mero teatro de lo que el resto del año nos gustaría ser pero no somos, un disfraz que nos haga sentir bien un año más sin importar lo que estamos obviando durante el resto del tiempo. O al menos, intentemos conocer, aprender del personaje que desempeñamos durante la función, que igual descubrimos que no es sino una parte abandonada de nosotros mismos, o quizá un teatro prescindible en el mismo momento en que los mencionados “deberes” dejan de tener mayor sentido que en cualquier otra época del año.

Cortometraje recomendado:

“El mundo gira y gira entorno tuyo, en un desenfrenado y loco movimiento que te provoca vértigo. El circo de la navidad se detiene despacio, muy lentamente, y las lucecitas que te ensoñaron se apagan. En lugar de ir a dormir como todo el mundo a ti te toca despertar y es entonces cuando sin remedio vuelves a la realidad. Por hoy, como todas las últimas noches, tu dulce sueño de Navidad ha terminado”.